“En una tarde fría de otoño de 1895, reuní a unos amigos y los invité a jugar un partido de football. Aquel nombre, por sí solo, ya era una novedad, en aquella época solamente se conocía el críquet”, afirmó Charles William Miller, en declaraciones a la revista O Cruzeiro, en 1952. Esta frase podría parecer absolutamente normal en muchos países, en los que el césped es utilizado por jugadores provistos de paletas y otros accesorios. Sin embargo, en este caso, el entrevistado se refería a la ciudad de São Paulo, la más grande de Brasil. Sí, Brasil, el país del… ¿críquet?

Al menos a finales del siglo XIX, la impresión era esa. Pero este habitante de la ciudad, descendiente de ingleses y escoceses, quiso contribuir a cambiar el curso de la historia, hasta el punto de ser considerado el gran pionero del deporte que se convertiría prácticamente en una religión en su país.

Hace más de cien años, la grafía más difundida era la de football —en inglés—, aunque no pasaría mucho tiempo hasta que los brasileños, al igual que hicieron con la propia práctica del deporte, se apoderasen del término, adaptándolo al portugués. Así nacieron el futebol y otros términos asociados, como “chutar” (shoot), “driblar” (dribble) y, por supuesto, “crack”.

Con cracks como Pelé, Garrincha, Tostão y Ronaldo, la selección brasileña ha disputado, hasta la fecha, una serie de cuatro clásicos contra la inglesa en la Copa Mundial de la FIFA™: en 1958, 1962, 1970 y 2002. En todos esos años, los brasileños se proclamaron campeones del mundo. Después de un empate a ceros en su primer choque, Brasil ganó los tres posteriores. Semejante historial justifica sin duda el sobrenombre de “país del fútbol”.

Ya con árbitro
En esta serie de artículos que repasan los vínculos entre diversas nacionalidades y el país organizador de la Copa Mundial de la FIFA 2014, ya ha analizado las relaciones históricas con pueblos europeos, como italianos, alemanes y españoles. A través de sus emigrantes, todos ellos contribuyeron al desarrollo de una potencia futbolística. Pero nada de eso tendría sentido de no haber sido por Inglaterra, cuna de este deporte.

En la Banister Court School de Southampton el joven Charles Miller, que hoy da nombre a la plaza en la que se sitúa el legendario estadio del Pacaembu (sede del Mundial de 1950), entró en contacto con el fútbol en todos sus detalles. Ese conocimiento provocó que tuviese un exceso de equipaje a la hora de volver a Brasil: trajo dos balones usados, un inflador, un par de botas, dos conjuntos de uniformes y un libro con las reglas del juego de aquel entonces. Así, después de muchas charlas y de despejar dudas con sus amigos anglobrasileños, Miller organizó, el 14 de abril de 1895, el que se reconoce generalmente como primer partido de fútbol del país, en un campo situado en Brás, en São Paulo.

Hay historiadores que cuestionan ese dato, señalando indicios de partidillos informales anteriores en Río de Janeiro y Pará. Pero se considera que el match promovido en aquel campo de São Paulo fue al menos el primer evento “organizado”, con árbitro y la aplicación de reglas. En un equipo estaban los trabajadores de la empresa São Paulo Railway, con Miller. En el otro, los que vestían la camiseta de la Gas Company of São Paulo. Los ferroviarios ganaron 4-2. Representó el saque inicial de la historia.

“El periodo de aclimatación al nuevo deporte, sin embargo, no fue rápido”, escribe el historiador John Mills, autor del libro Charles Miller: el padre del fútbol brasileño. “La sorpresa al saber, en 1894, que por aquí todavía no se conocía el fútbol tenía razón de ser. Al fin y al cabo, los contactos entre uno y otro país eran tan lentos que impedían que se conociese el deporte que en Inglaterra disponía de reglamento desde 1863, y que tanto entusiasmaba y se extendía por toda Europa”.

Los orígenes
No obstante, con el paso de los años fue incrementando sus adeptos entre la clase obrera de São Paulo. Los partidos se extendían por la ciudad, y se crearon distintos clubes. Y fueron precisamente un grupo de obreros quienes, el 1 de septiembre de 1910, fundaron el Sport Club Corinthians Paulista. El nombre era un homenaje directo al Corinthians Team londinense, que estaba de gira por Brasil y arrollaba a todos sus rivales. En la víspera, el 31 de agosto, por ejemplo, los ingleses se habían impuesto por 2-0 a la Associação Atlética das Palmeiras (sin ninguna relación con el actual Palmeiras). Entre el público estaban Anselmo Corrêa, Antônio Pereira, Carlos Silva, Joaquim Ambrósio y Raphael Perrone, todos ellos fundadores de su homónimo de São Paulo.

El Corinthians Team fue uno de los muchos clubes británicos que visitaron Brasil a principios del siglo XX. Entre ellos está el Exeter City FC, que realizaba un largo viaje por el continente, y llegó a Río de Janeiro en 1914. Primero se midió con un combinado de compatriotas. Después venció 5-3 a un conjunto carioca. Sin embargo, su mayor desafío estaba reservado para el estadio del Fluminense, el 21 de julio. Cerca de 5.000 espectadores llenaron las gradas de Laranjeiras, y esta vez los ingleses salieron derrotados por 2-0, contra todo pronóstico. ¿Y cuál era su adversario? Nada menos que el equipo que la Confederación Brasileña de Fútbol reconoce como primera selección brasileña.

“Los jugadores ingleses, acostumbrados a jugar en un entorno profesional, se entregaban más en todas las acciones, mientras que los brasileños, todavía aficionados, buscaban jugar más por exhibición y ocio”, relatan Antonio Carlos Napoleão y Roberto Assad, autores del libro oficial de la selección brasileña. “Aun así, la habilidad de los brasileños sorprendió”.

Do you speak English?
Un año antes de la visita del Exeter City, el inglés Henry Welfare, natural de Liverpool, se había asentado en Río de Janeiro, en un principio con la intención de ser profesor asistente en el Instituto Anglobrasileño. Enseguida fue llevado al Fluminense para jugar de delantero centro: con su 1,90 m de estatura, impresionaba por su porte físico, que le valió el lógico apodo de “Tanque tricolor”. Este gigantón no dejó de ver puerta con el Flu, y sigue teniendo hoy en día el récord de mayor número de goles en un solo partido del equipo (seis, contra el Bangu, en 1917). Fue tres veces campeón de Río de Janeiro, se proclamó máximo anotador del torneo e incluso fue nombrado socio de honor del club.

Con todo, tras colgar las botas se convirtió en entrenador del Vasco da Gama, lo que alarmó a muchos hinchas. “Al principio, causó mucha sorpresa, porque se iba del Fluminense y llegaba al Vasco, en una época en la que era muy problemático que la gente cambiase de club. No se hacía porque se consideraba de mal gusto, ¿no?”, afirmó Flávio Costa, también técnico del Vasco y de la selección brasileña de 1950.

Lo cierto es que Henry hizo asimismo historia con el Vasco, al dirigir al equipo y a estrellas como Leônidas da Silva, Fausto y Domingos da Guia durante diez temporadas, en las que conquistó tres títulos y terminó ocho veces al menos entre los tres primeros. Fue un caso poco habitual de un jugador británico que hizo carrera en clubes brasileños, al igual que los jugadores del país sudamericano tardaron bastante en introducirse en el fútbol inglés.

Yes, I do
En este apartado, el delantero Mirandinha, 20 centímetros más bajo, aparece como un contrapunto interesante 72 años después de Welfare. Tras destacar con la selección en la Copa Stanley Rous, recibió una oferta del Newcastle. “Le hizo una oferta al Palmeiras. Estuve a punto de fichar por el América de México, el contrato ya estaba prácticamente cerrado, pero el Newcastle insistió y me llevó”, explica a FIFA.com.

Mirandinha firmó en 1987, y compitió en el equipo durante dos temporadas. Fue suficiente para hacerse un hueco en el corazón de los Magpies. “En aquella época, la mayoría de los clubes ingleses todavía jugaban a base de patadón. Pero, por suerte para mí, el Newcastle no era tan ‘inglés’ en ese aspecto, no recurría tanto a los balones aéreos. Eso me ayudó”, afirma. “Me encantan el club y la ciudad, donde dejé muchos amigos. Aún hoy me siguen tratando muy bien, y los aficionados me reciben con mucho cariño. Es especial”.

En la década siguiente, otro brasileño se distinguiría en la Premier League. Un jugador todavía más bajo que Mirandinha: Juninho Paulista, de 1,65 m, pero de enorme talento con el balón en los pies. En el Middlesbrough, asistió de primera mano a los cambios que se produjeron en el plano técnico y táctico de la liga inglesa. “Acabé en el fútbol inglés precisamente porque Bryan Robson tenía esa mentalidad de apostar por un juego más técnico”, dice. “Cuando estábamos negociando me enviaron un vídeo con partidos del Middlesbrough. Al verlo me dije: ‘¡Dios mío! ¿Cómo voy a jugar yo aquí?’ Aquello eran solo balonazos de un lado para el otro. Entonces, Robson me dijo: ‘¿Has visto el vídeo? Pues precisamente por eso quiero que vengas: para cambiar esa manera de jugar’. Querían jugadores más técnicos, que raseasen la pelota”.

Juninho también se ganó a la hinchada, hasta el punto de reírse cuando se le preguntó en una entrevista en 2013 si era más reconocido en Middlesbrough o en Itu. “Pues, si le digo la verdad, creo que en Middlesbrough”, afirmó. Ahora, al ver a su Ituano ser campeón de São Paulo, tras vencer al Santos en la final, probablemente la respuesta sería otra. Pero eso no disminuye el cariño que siempre recibe cuando visita la ciudad del nordeste de Inglaterra.

Son varios los brasileños que juegan ahora en el país europeo. Solamente el Chelsea cuenta con cuatro: David Luiz, Ramires, Oscar y Willian, todos ellos habituales de la selección. El Liverpool también tiene a Lucas Leiva y a Philippe Coutinho, cuyo nombre incluso llegó a encabezar la venta de camisetas del club antes de que empezase la temporada.

“Ellos tienen la suerte de jugar en un fútbol muy distinto y más fácil del que yo encontré en mi época. Ahora solo hay jugadores de alto nivel, de todas las partes del mundo, en terrenos de juego extraordinarios. La cultura del fútbol inglés es completamente diferente hoy en día”, apunta Mirandinha.

Tan diferente que, fijémonos, puede representar un desafío para alguien como Lucas Leiva. Llegó al Liverpool en 2007, con el prestigio que confiere ser elegido mejor volante de la liga brasileña, pero eso no impidió que quedase impresionado ante una nueva realidad. “Me sentía como si yo corriese a 50 por hora y los demás a 100. No estaba preparado. Hasta el punto de que, al principio, se me daban mejor los partidos de la Liga de Campeones. Pasé de un extremo al otro, en términos de velocidad del juego”.

Hace más de un siglo, Brasil recibía un deporte inglés y le aportaba sus toques. Ahora, los brasileños se adaptan a lo mejor que puede ofrecer Inglaterra. Así sigue la evolución del deporte, sin importar el país en el que estemos. Siempre que se trate de fútbol.